100 años de Charlie Parker: My Old Flame

My old flame, I can’t even think of his name but it’s funny now and then
How my thoughts go flashing back again to my old flame

Arthur Johnston / Sam Coslow

“¡Escucha las palabras, no las doctrinas!

 ¡Escucha el sermón, no las teorías!

La muerte es algo urgente

Mi fuego es inextinguible.”

Charlie Parker

 

“Mira, la sensación más fuerte que he experimentado en mi vida (con la ropa puesta) fue cuando oí por primera vez a Diz y a Bird juntos en St. Louis, Missouri, allá por 1944. Yo tenía dieciocho años y acababa de graduarme en la Lincoln High School, que estaba justo al otro lado del río Mississippi, en East St. Louis, Illinois.” Diz y Bird; o Bird y Diz. Ambos diminutivos para mencionar cariñosamente a dos músicos de jazz que se hicieron íntimos con él, para que no quede flotando en el aire el sonido cuasi castrense cuando se los invoca por nombre y apellido: Diz, o Dizzy Gillespie; Bird o Charlie Parker. Diz y Bird, una dupla se nombra íntima y se escucha popular. ¿Y quién es el que escribe en sus memorias, cuasi fascinado, ese recuerdo candente? Bien, ese es el primer párrafo del prólogo de la autobiografía de Miles Davis.

Querido Miles, como lo recordaría Ron Carter, ¡Qué significativo que le dediques tus primeras palabras de tu autobiografía a Diz y a Bird! Y casi como un esfuerzo para la posteridad agrega muchas notas locativas, como si no quisiese que se pierda en las brumas que el jazz le llegó con Diz y Bird a sus dieciocho en St. Louis. Y continúa: “Aquella santa mierda me inundó el cuerpo, precisamente la música que quería oír. Algo grande. Y yo allá arriba tocando con ellos.” Ya no solo recurre Miles a la memoria del momento en el que le llegó el jazz a su vida, sino que, casi de forma cartesiana, le inundó las ganas de ser parte activa de eso. Los filósofos creen que la fórmula de René Descartes de COGITO ERGO SUM (Pienso, luego existo) es una interpretación errónea de la historia, que el “ergo” ralentiza el momento de la existencia. Se considera que debería ser COGITO SUM (pienso existo), desde el momento que tomo conciencia de mi ser, existo. Sin intermediarios. Desde el mismo momento que le llega la música de Diz y Bird, Miles existe como músico de jazz, como un golpe de rayo.

Es lícito pensar que tal vez más temprano que tarde se despertaría esa inquietud por lanzarse a tocar en clubes, pensar miles de ecuaciones si no hubiesen existido Diz  y Bird, pero Miles escribe la historia, y en esa escritura ubica a esa dupla, e inclusive más adelante reconfigura a Diz como su amigo, un par humano, y a Bird lo ubica en una posición sublime, un semidios. Es de la música de Bird, entonces, de donde sale la energía cartesiana de Miles. Podría esbozar y defender hasta el último de los días que tuvimos a Miles, el Miles que reconfiguró la historia del jazz en algo vivo, porque existió Bird.  Y eso es irrefutable.

Y Miles escribe, casi con el dolor de reconocer lo inevitable, a sabiendas que es imposible recuperar eso que vio, escuchó y quedó en el tiempo: “De todos modos, he conseguido casi reproducir las sensaciones de aquella noche y aquella música de 1944, cuando oí por primera vez a Diz y a Bird, pero nunca lo he logrado del todo. Y ando siempre buscándolas, escuchando, sintiendo, tratando constantemente de encontrarlas en y a través de la música que toco cada día.” Toda la música de Miles Davis tiene la tragedia de querer recuperar lo perdido a sabiendas que es un imposible. Son todas variantes, ejercicios vitales que parten y buscan volver a esa noche de 1944. Como una serpiente que se muerde la cola. Y eso perdido es la vigorosa vitalidad de la música ejecutada en vivo de Charlie Yardbird Parker.

 

Night and day

La autobiografía de Miles Davis tiene la nota perfecta del cronista que vio leyendas vivas en lugares mitológicos. El Three Deuces, el Minton´s, todos aquellos clubes pequeños, obscuros, humeantes, calientes en las noches agitadas de la posguerra neoyorquina. Y en esos lugares ubica a Bud Powell, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Coleman Hawking, Lester Young, Dexter Gordon, Fats Navarro, Dizzy Gillespie, etc. Y por supuesto, como si fuese una antorcha demasiado brillante, está Bird.

Miles escribe sobre ellos como si hubiesen estado siempre, pero la verdad que el origen, auge y declive del bebop duró muy poco, apenas uno o dos años más que lo que pudo haber sido la explosión punk en Inglaterra. Su origen fue el estallido de algo que se fue gestando desde principios de la década de 1930. Primero, por cuestiones políticas, económicas y culturales, se dejó de lado el swing y las big bands. Ya no había motivo de festejo tras el quiebre de la bolsa y nadie podía costearse grandes ball rooms. Pero aún había gente joven que necesitaba salir a divertirse para olvidar por unas horas la horrible crudeza de los días, del desempleo, el hambre y el racismo.

Los clubes que abrieron en lugares como la calle 52 de Nueva York eran precarios, la mayoría mansiones abandonadas por los ricos de la ciudad que se trasladaron a otra zona, pero albergaron y fueron testigos de los momentos más brillantes de Bird y del bebop. El cronista Miles Davis sale nuevamente con este recuerdo: “Recuerdo cuando por primera vez entré en el Three Deuces y vi lo pequeño que era el local. El escenario era un espacio ridículo donde apenas cabía un piano, y no parecía suficiente para acoger a un modesto grupo de músicos. Las mesas del público estaban situadas todas juntas, y recuerdo haber pensado que aquello solo era un agujero en la pared.”

Lugares precarios que albergaban una energía irrepetible. Todo demasiado frágil, tanto que el declive del bebop comenzó, según Miles, tras una razzia que clausuró por unas semanas esos locales en 1945. De hecho, para 1950 todos esos días se los veía como un momento histórico pasado (a pesar de que estaban vivos sus principales protagonistas).

 

I can´t get started

¿Dónde estaba en esos días Charlie Parker? La respuesta de esa pregunta tal vez dé cuenta de lo vertiginoso y candente de los días: en todos lados y en ninguno al mismo tiempo. Solo se lo puede ubicar en Nueva York, pero no mucho más. De hecho Miles llegó a la ciudad con la excusa de estudiar música en el más prestigioso conservatorio de la ciudad, la Juilliard, pero con la fijación de encontrar a Bird, recuperar algo de lo que vivió en St. Louis. Bird simplemente no estaba y no lo encontró por semanas (COGITO ERGO…).

Esa búsqueda le permitió conocer a músicos como Bud Powell o Max Roach y trabar amistad definitivamente con Dizzy Gillespie. El saxofonista Coleman Hawkins inclusive una vez se sinceró sobre una pregunta que le hizo Miles sobre si Bird actuaría en el club Heatwave donde figuraba que daría un show: “apuesto que ni el propio Bird sabe siquiera si estará allí o no.” Pero Bird sí apareció esa noche: “¡Hey, Miles! ¡Me han contado que andas buscándome!”, le gritó. (COGITO SUM)

Bird era más una aparición que una revelación: “Vestía un traje arrugado y lleno de bultos, con el cual parecía haber dormido muchas noches. Tenía la cara hinchada y los ojos hundidos y enrojecidos.” Bien, es este semi pordiosero el principal responsable de haber elevado el jazz al estatus de arte moderno. Las enciclopedias y bibliotecas repetirán hasta el hartazgo que su arte atravesó la forma del romanticismo, una mezcla entre Paganini y Beethoven en la composición de armonías.

 

Chasin´the Bird

Se impone hacer un alto en la narración para que demos cuenta de algo que no se dijo aún, o al menos no con la intensidad que requiere: no se sabe de dónde surgió el genio de Charlie Parker. Las memorias de Miles comienzan in media res, pero nada dicen del tiempo de formación de Bird. Podemos reconstruir algunas notas biográficas que den cuenta de lo poco que nos deja observar la historia.

Charlie Parker nació el 29 de agosto de 1920 en Kansas City en el seno de una familia sin afecto y sin formación musical. No se sabe en qué momento Bird tuvo la inquietud por la música pero sí que a sus trece años ya tocaba el saxo barítono y pronto se animaría al saxo alto.

Para sus quince años, edad en la que se hace adicto a la heroína, toca desesperadamente para comer en clubes olvidados. Sus performances por esos años de preguerra son frenéticas y decía que tocaba desde las 21 hasta las 5 de la madrugada. Como paga solía cobrar un dólar.

El bebop estalla en la cara de Estados Unidos ya que no hay casi registros sonoros de su gestación debido a las políticas de la economía de guerra. No se puede grabar discos por lo que se debe imaginar sesiones privadas tocando por horas sin ningún testigo ni un grabador. De hecho, la grabación más antigua que se conserva de Charlie Parker es un solo de saxo de Honeysuckle Rose y Body and Soul que alguien grabó en sesión privada en algún momento de 1937.

Ahora bien, la historia del jazz actúa en estos años como si se tapase un espacio con una roca y cuando se retirase hubiese todo un ecosistema que antes no había cuando se colocó esa piedra. En 1937 se coloca esa roca en Kansas City y luego en 1944 se levanta en Nueva York con el primer disco que grabó junto con Dizzy Gillespie. En medio quedó su llegada a esa ciudad en 1941, su paso fugaz y decepcionante por la big band de McShann, su violenta salida de la Count Basie Band y, claro está, el hecho de cruzarse y formar un quinteto junto con Gillespie que sentó las bases del bebop e hizo evolucionar al jazz a sus formas modernas.

 

Almost like Being in Love

Entonces, Miles se encuentra finalmente con Bird y se comienza a gestar un nuevo capítulo en la historia del jazz. Aún faltará un tiempo para que Diz salga del quinteto de Bird debido a sus desplantes, pero los elementos ya están ahí. En todas las mitologías figura el ouroboro, la serpiente que se muerde la cola. Simboliza de algún modo el final de un ciclo y el comienzo de otro. En este caso todos perciben el final trágico de Bird pero aún brilla muy fuerte. Su declive significará el primer ascenso de Miles como músico significativo del jazz.

Al principio Miles sigue al quinteto a donde sea que tocase (“teníamos la sensación de que si nos perdíamos el oírles tocar, nos perderíamos algo muy importante”) y da asilo a Charlie Parker, pero pronto surgen y crecen rispideces debido a los vicios de Bird. Lo que más lamenta Miles es que ve en Bird a alguien fuera de serie no solo en la música, sino a nivel intelectual y humano: “Una de las cosas que nunca comprendí de Bird era por qué se entregaba a tanta actividad destructiva. Bird estaba por encima de aquello. Era un intelectual. Solía leer novelas, poesía, historia, cosas así. Podía sostener una conversación con prácticamente cualquier persona sobre toda clase de temas”.

Y entonces Diz termina la sociedad con Bird y entra en su lugar Miles. Bill Eckstine tenía una visión bastante acertada de cómo fue la sociedad de Parker/Gillespie: “Bird fue el responsable de que esta música (el bebop) se tocara realmente; fue más responsable de ello que cualquier otro; pero el responsable de que se escribiese fue Dizzy.”

Pero a Miles le gustaba ver y escuchar bebop, no tocarlo. El bebop era un ritmo muy veloz, un desborde de notas y escalas, y Miles prefería tocar las notas más importantes del acorde. Ese espacio en blanco permitió un nuevo tipo de creatividad para Charlie Parker, ya que con Dizzy Gillespie era una competencia contrarreloj frenética. Cuando Miles ingresa a la banda de Charlie Parker de algún modo marca el principio de otra fase del jazz, en la que el trompetista de, por entonces, diecinueve años marcaría los tiempos. Aún faltarán años para que eso ocurra, pero Bird lo vio venir antes que nadie.

No duró mucho aquella sociedad en parte debido a que Bird era un terrible demonio sobre el escenario y en su vida cotidiana, aunque por motivos completamente distintos. Por otro lado las constantes razzias racistas minaron bastante la escena neoyorquina, por lo que los músicos buscaron otros horizontes y Los Ángeles dio esa oportunidad a fines de 1945. Bird enganchó un contrato por medio de Diz y ambos fueron allá. Miles volvió a la casa paterna por unos días antes de ir a Los Ángeles a ver esa nueva etapa de la sociedad Parker/Gillespie.

 

Carvin´the Bird

La estadía de Los Ángeles fue un fracaso, la costa oeste aún no estaba lista para el bebop ni para las excentricidades de Bird. A Miles le sirvió para trabar amistad con músicos como Charles Mingus y Art Farmer, ganar unos dólares tocando en la orquesta con Benny Carter y, sobre todo, comenzar a hilar más fino sobre lo que le gustaba y lo que no le gustaba hacer con su música y con su propia figura pública: “no estaba dispuesto a hacer payasadas a cambio de que un hijoputa blanco, racista e incapaz de tocar una nota, me dedicase elogios”.

De vuelta por Nueva York Miles estaba listo para empezar a formar sus propios conjuntos (grabaciones que quedarían registradas por los sellos Definitive Records, Capitol y Columbia Records) y Bird… había dejado a un lado la heroína por el vino barato. Joachim E. Berendt, en su libro El jazz, sintetizó así los últimos años de Charlie Parker: “en la época en que apenas había en el mundo algún músico de jazz que no se encontrara, de un modo u otro, bajo la influencia de Bird, y en que esta influencia había penetrado hasta en la música de baile y popular, Parker ya nada más tocaba ocasionalmente.”

Es extraño cómo funciona todo, porque si bien continuaron frecuentándose e inclusive estos músicos fueron a París por los mismos años, sus rumbos fueron cada vez más distantes, sobre todo a partir de la edición de Birth of the cool de Miles Davis en 1950. Miles también se volvió adicto e inclusive desbarrancó tanto que recuerda ese año como el peor de su vida. El 17 de enero de 1951 grabaron cuatro tomas para el sello Verve Records y fue la última vez que registraron algo juntos.

La tragedia anunciada llegó el 12 de marzo de 1955 en el piso de la baronesa Pannonica de Koenigswarter, mientras veía la tele. Miles mientras estaba en la cárcel debido a incumplimientos en el pago de la cuota alimentaria de sus hijos: “tres días encerrado en aquella celda, y Bird lo aprovechaba para morir”. Charlie Parker tenía 34 años pero los forenses que lo revisaron dijeron que su organismo pertenecía a alguien de más de 54 años de edad.

El funeral fue un espectáculo triste de circo en el que se pelearon por su cadáver su ex pareja con sus acólitos, se prohibió que se tocase jazz y luego llevaron su cuerpo a Kansas City, contraviniendo sus deseos. Miles escribió a modo de despedida de su amigo: “A mí, que Bird muriese como había muerto sólo me entristeció, porque era un genio y todavía tenía mucho para dar. Así es la vida. No obstante, Bird fue un hijoputa insaciable y nunca supo decir basta a nada. Eso lo mató: su tremenda avidez”.

 

Don’t blame me

Hay una foto, dentro de las memorias de Miles, de una de las presentaciones de Bird con él. Una foto puede ser, como bien describe Geoff Dyer en su libro Pero hermoso Un libro de jazz, tan sensible al sonido como lo es a la luz. Y se siente el calor de la noche en lo perlado de los rostros; la vista fija de una mirada concentrada y melancólica de Bird, levemente inclinado; Miles Davis, de apenas 20 años, pulcro y en posición de firme, con la tensión interna de saberse reemplazante del mayor trompetista de bebop, Dizzy Gillespie; de fondo el rostro en éxtasis del contrabajista Tommy Potter. La imagen amplía al sonido, a los vasos entrechocar, al sonido de los platos trayendo comida y, por sobre todo, nos transporta a esas miradas infinitas de Bird y Miles, concentrados en algo más allá del pequeño club y que los hermana: el saber que el jazz los redime en ese momento y para siempre de todo escándalo que haya rodeado sus vidas.

Donaldson Collection/Getty Images.

 

Esteban Galarza

Nací en José C. Paz en abril de 1984. Estudié letras en la Universidad Católica Argentina y Periodismo en TEA, en donde fui profesor de redacción periodística. Fui colaborador de Billboard, Caras y Caretas, Yo Soy La Morsa, Lamás Médula, Go Palermo, entre otras revistas de cultura y música. Fundé y dirigí Revista Kunst y Revista Ruda.

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