Charlie & His Orchestra: el Swing utilizado como propaganda nazi

La Agitprop del Jazz Nazi

Por: Catherine Vieira (Medellín – Colombia)*

 

En la época del nazismo, Joseph Goebbels se erigió como el ministro de propaganda del régimen nazi. Su “principio de orquestación” suponía que las ideas repetidas incansablemente terminaban por convertirse en verdades. Goebbels, se valió incluso del Jazz para afianzar su monodiscurso a través de la banda de Jazz: Charlie and His Orchestra, conformada por el alemán Karl Schwedler (“Charlie”), Lutz Templin, Fritz Brocksieper, Kurt Abraham y Berking Willy.

El Jazz había calado tanto en Europa, que logró tener más reconocimiento allí que en los Estados Unidos. Según Eric Hobsbawm  las razones de esto, tuvieron que ver con lo simbólico y lo significativo, puesto que se asoció al Jazz con “lo moderno”  por venir de la tierra del fordismo, y no se le vio como música exótica, o primitiva.

Por otro lado, el género logró expandirse posicionándose como la música de baile para la clase obrera británica, además de revolucionar y transformar a las clases media y alta de Gran Bretaña, quienes desprotocolizaron el baile. En los años treinta el público de Jazz fue aumentando, por lo que proliferaron los clubes, la incursión del coleccionistas en la radio y la generación de músicos de Jazz europeos.

Para la Segunda Guerra Mundial, el Jazz era según Hobsbawm, la “música social” de muchos jóvenes, especialmente en Gran Bretaña cuya población obrera era numerosa y que adquiría un estilo de vida no tradicional y urbano

La banda de música nazi al comienzo de “der Führer’s Face” (1942)

Músicos, y amantes del Jazz, así como bailarines de Swing fueron enviados a campos de concentración en el régimen Nazi. Goebbels etiquetó el Jazz como “Neggernmusik”, atribuyéndolo a la música de negros  y judíos.. Lo “moderno” no era bien visto en aquel régimen, ya que no se ajustaba a los cánones de lo  clásico y lo romántico que ellos defendían. El baile por su parte era mal visto por el aire de rebeldía y libertad, así como el mestizaje propio del género que contrariaba el espíritu de supremacía y pureza aria.

Sin embargo, Goebbels supo ejercer control social, fascinación y manipulación a través del Jazz. Con Charlie and His Orchestra, se grabaron Jazz standards, cambiándoles la letra por mensajes antibritánicos, antiamericanos, anticomunistas y antisemitistas que buscaban influir en la opinión pública así como desmoralizar a las tropas de los aliados, como en el tema ¿Quién teme al lobo feroz?” de la película de Disney de 1933, “Los Tres Cerditos ó como en el tema “You’re Driving Me Crazy”, donde “Charlie” en la tercera estrofa canta “Here is Winston Churchill’s latest tear-jerker: Yes, the Germans are driving me crazy / I thought I had brains / But they shot down my planes”

En el régimen nazi fue clara la manipulación mediática, condicionando el comportamiento de las grandes masas y obviando otras representaciones sociales para crear estados emocionales favorables a un orden político imperante. El adoctrinamiento ideológico contó en ese entonces, con los mensajes politizados que se trasmitieron a través del “Jazz alemán”, para hacerle creer al público que el régimen nazi encarnaba la voluntad “del pueblo” y para desmoralizar las tropas enemigas.

Sin embargo, el Jazz en regiones como la Francia ocupada, pasó a ser símbolo de resistencia y liberación, así como lo fue en los  Estados Unidos cuando el pueblo afroamericano descubrió su propio valor, a través de la música.

El clarinetista Sydney Bechet en su autobiografía “Trátalo gentilmente” lo expresó:: “Después de la emancipación…todos los que han sido esclavos necesitan ahora la música más que nunca; es como si trataran de encontrar en esta música lo que se suponía que encontrarían con esta libertad: tocar la música y escucharla esperando que exprese lo que necesitan aprender una vez que hayan aprendido que no es sólo a los blancos a los que le tiene que llegar la música, sino directo a la vida, y a lo que un hombre hace con su vida cuando finalmente es suya”

 

*Nota original publicada en LivingJazz Magazine (2010)

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