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Informe: Clubes de Jazz en peligro

Uno de los sectores más afectados por la pandemia ha sido sin dudas el de la música en vivo. Aun con protocolos, las posibilidades de reapertura y funcionamiento de los clubes de jazz parecen escasas hasta que se vislumbre una cura o tratamiento para el covid-19.

“La actividad de un club  ya es complicada en un país en funcionamiento, más en Argentina. Con Coronavirus y cuarentena total es completamente imposible”, resume Lucas Cutaia, quien junto a su hermano llevan adelante Thelonious Club hace más de 20 años.

Con la soga al cuello

Todos los espacios consultados coinciden en que la situación se vuelve cada vez más asfixiante.

El foco está puesto en sobrevivir con escasa o nula facturación. Teresa Rodríguez de Café Vinilo asegura que están tratando de resistir con lo básico, que es el pago de servicios, y “pidiendo a todo el mundo que nos aguante”. Otros lugares como Virasoro o Teatro Monteviejo lograron acordar reducciones en sus alquileres pero las facturas de los servicios siguen llegando. “Estamos pagando casi el mismo importe de luz como si estuviéramos abiertos”, sostiene Ezequiel Losada de Monteviejo y agrega que hay muchas trabas para aplicar a los subsidios y préstamos propuestos por el Gobierno de la Ciudad y el Ministerio de Cultura de Nación. Por caso, aun no se han entregado los subsidios anuales de BAMusica y han sido pocos los clubes de música que han accedido al fondo Desarrollar. La poca ayuda económica ha llegado por parte del INAMU (Instituto Nacional de Música) pero no es suficiente y los plazos burocráticos estatales pocas veces coinciden con las urgencias.

Sobrevivencia al desnudo

La incertidumbre gobierna el futuro de los clubes. “El tema es muy complicado porque vamos a ser los últimos que abran, junto con los teatros y los cines. Se había abierto la posibilidad de los shows por streaming pero con este apretujón de vuelta se pospone. Igualmente también son una gran incógnita respeto a lo que nosotros hacemos. Aun así vamos a jugar todas las cartas que tengamos”, apuesta Aldo Graziani, creador del Bebop Club.

Pero el mundo digital no es una alternativa para todos. Cutaia estuvo analizando las alternativas del streaming para Thelonious pero encontró que no era redituable para sostener un mínimo de su estructura. Losada agrega: “Muy pocas bandas puedan acceder a tener el público digital que pueda cubrir ese gasto. Lo veo muy complicado sin sponsors a ese subrubro que se empieza a generar. El teatro es otra cosa, es encontrarse, es estar cerca del artista”.

Una alternativa a la falta de contacto han sido las Experiencias Vinilo, donde cada 15 días convocan al público por Zoom, les envían vinos a sus casas para catar junto a un sommelier online y comparten un momento musical con un artista en la misma plataforma. “Estas actividades las pensamos en función de lo que pasaba cuando venías a Vinilo. Tomabas algo, comías algo y veías el espectáculo de música. Recreamos de alguna manera esa actividad desde Zoom cada uno adentro en su casa. La gente se entusiasmó con la idea. Lo más lindo es el encuentro con otras personas, hacer una actividad. Está funcionando bien. Con eso vamos tratando de sostener gastos y esperando que cuando nos toque volver a abrir no sea imposible arrancar”.

Por el mundo

La situación es similar en los clubes de Nueva York, una de las ciudades más golpeadas por el virus. Los clásicos locales luchan por sobrevivir ante la imposibilidad de abrir y recibir público, nutrido en su mayoría por el turismo. Circularon rumores del cierre del emblemático Village Vanguard, pero su propietaria aclaró que seguirán adelante via shows pagos por streaming. Otros lugares como Smalls, Blue Note o Birdland emiten conciertos online sin cargo gracias al apoyo de sponsors.

En Europa hay distintas realidades: mientras los bares de Madrid, Barcelona y Paris han podido reabrir sus puertas con público reducido y cuidados extremos, el Ronnie Scott´s en Londres comenzó a emitir online a puertas cerradas.

La “nueva normalidad”

“Cerrar el año funcionando o funcionando en parte podría ser auspicio para poder volver a la normalidad”, augura Losada desde Monteviejo y es lo que esperan todos los espacios con más o menos optimismo.

“Hay días que la apertura nos parece cercana y otros que no va a ser este año”, se sincera Paula Andrada de Virasoro en un pensamiento que se replica en todos los dueños y organizadores. Igualmente aprovecharon este tiempo para hacer algunas refacciones y así “encarar lo que viene con energías renovadas”, se entusiasma.

“Esperamos que llegue alguna ayuda más porque si no va a ser muy difícil que podamos seguir adelante”, cuenta preocupada Teresa desde Vinilo y agrega que necesitan volver a generar dinero porque “todos vivimos de esto”.

Lamentablemente el Jasz Café de La Plata anunció hace unas horas que cuando termine la pandemia no reabrirá sus puertas. Siendo un emprendimiento familiar no fue factible sostenerlo sin funcionamiento por un tiempo indeterminado. Otros, como el Jazz Voyeur en el Hotel Melía, tienen su suerte atada a la reapertura de actividades y turismo.

Así las cosas, los clubes de música y de jazz hoy están en peligro de extinción, a la espera de una ayuda estatal para sobrevivir y un protocolo que les permita volver a encontrarse con el público en vivo en un futuro, coronavirus mediante, sea cercano.

Por Gabriel Cygielnik

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