Playboy Jazz Festival: los sueños de Hugh Hefner en los márgenes de las revoluciones | Parte 2

Playboy Jazz Festival: los sueños de Hugh Hefner en los márgenes de las revoluciones | Parte 1

1959-1960

Hay un elemento que late en estos años y que aglutina la figura de Hugh Hefner: el tabú del sexo, doblemente tabú si recordamos que Estados Unidos es una nación que nació bajo el signo del puritanismo. Y en ese país se dio más que en ningún otro la creación de  industrias alrededor de lo prohibido: tanto de alcohol durante los años de la Ley Seca, el auge de las drogas a pesar (o a causa) de la DEA, y el surgimiento del porno. Allí donde el Estado se ausenta lo que se prohíbe no deja de existir, simplemente cohabita en submundos regulados por otras entidades. Hefner, en el caso de la industria erótica, fue el primero de sacar a la luz la idea del sexo como consumo onanista y pegó en el corazón de ese país conservador y contradictorio: puso en la portada de su primer número de 1953 a la chica del momento, Marilyn Monroe. Y en ese primer número, en el que ya nadie podría darle la espalda, ubicó un dossier sobre los Dorsey Brothers, una big band de jazz.

En un solo movimiento sacó de la “calle del pecado” de clubes sucios y humeantes, al sexo y al jazz, y unió en un destino común sus dos pasiones. Solo que el jazz no tardó en reconfigurarse como un arte respetable y, tras Dave Brubeck, dejó los callejones y se empezó a enseñar en la universidad. La idea de mostrar mujeres famosas desnudas, en cambio, escandalizó durante mucho tiempo y aún hoy genera cierto revuelo. Pero, lo que hoy se configura como una industria que aún se la percibe tabú, ilegal y prostibularia machista (y es necesario decir que lamentablemente en la mayoría de los casos justificado), a fines de los 50 se veía como revolucionaria.

La revista dio el primer golpe en 1953 y empezó a crecer exponencialmente. En 1957 el Playboy Music Poll, un galardón para la nueva música, estaba orientado al jazz al punto tal que para 1961 había sido renombrado Playboy Jazz Poll. Y entonces, para agosto de 1959, el mismo mes que Miles Davis editó Kind of blue y Dave Brubeck terminó de grabar Time Out, Hefner pudo cumplir uno de sus sueños de adolescente: organizar la primera edición del Festival de Jazz de Playboy, en Chicago. Los tickets para este festival a cubierto se vendieron a 5,50 dólares y permitieron que puedan verlo en dos jornadas de un fin de semana más de 68 mil espectadores.

Y los artistas más importantes que tocaron en esa primera edición del festival le iban a la zaga con lo inmenso de la convocatoria de público: Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Count Basie con el cantante Joe Williams, Oscar Peterson, Louis Armstrong, Bobby Darrin, Dave Brubeck Quartet y el quinteto de Miles Davis que incluía ya a Cannonball Adderley y a John Coltrane. Claro que hasta los últimos años de su vida Hefner se lamentaría de dos grandes ausencias: Charlie “Bird” Parker y Billie Holiday (muerta en junio de ese año), la cantante de jazz que más admiró. Nadie las tiene todas. De esa edición del festival se editaron tres discos en vivo que hoy son joyas de coleccionista y que están en Spotify como Playboy Jazz All-Stars. En esa playlist hay algunas de las grabaciones de esas jornadas, pero no todas. El crítico de jazz Leonard Feather consideraba a ese festival como la “semana más memorable en la historia del jazz”.

Y hay un dato que enriquece aún más el festival y que Patty Farmer sacó a la luz en su libro Playboy Swings: los ingresos brutos de la primera jornada del festival fueron donados a la organización de los derechos negros NAACP y a la Chicago Urban League. Porque Hugh Hefner, desde su lugar de sensualidad y escándalo a las buenas costumbres, bregó y se comprometió a combatir el racismo en Estados Unidos. En un nuevo encuentro de su pasión por la música y la defensa de derechos civiles de la comunidad afroamericana, Playboy publicó en 1962 la primera de sus famosas entrevistas a Miles Davis. Y no sería el último gesto fuerte que tendría.

En los 60, Playboy tuvo dos programas de televisión en los que convivían negros y blancos: Playboy Penthouse (emitido desde 1959 hasta 1961) y Playboy After Dark (de 1969 a 1970). En ellos se presentaron cantantes como Tony Bennett, Ella Fitzgerald o Nat “King” Cole, entre otros. Debido a la negativa de hacer distinción entre blancos y negros varios canales del sur del país se negaron a transmitirlos, con lo que fueron afectadas fuertemente las cuentas de Hefner.

Playboy también tuvo problemas con clubes que abrió en Miami y Nueva Orleans, ya que los managers contratados negaban la admisión a personas negras. La cancelación de las licencias a esos locales le costaron mucho, pero la integración era algo que Hefner tenía arraigado en sí. En el libro de Farmer consta la anécdota de que les escribió una carta a los miembros del club de Nueva Orleans en la que recalcaba sus “creencias sobre la integración, y que estaba trabajando tan duro como podía para lograrlo.”

Entonces, retrotrayéndonos al primer festival en Chicago, a las puertas de una nueva década, revolucionaria y convulsiva de 1960, Hefner cerró el último verano de los idealizados 1950s poniendo en primera plana lo más importante que dio el jazz estadounidense, generación dorada que tal vez nunca más brilló con esa intensidad. El festival de Chicago no tuvo una edición al año siguiente y quedó cada vez más la idea de un momento histórico, una de las cimas míticas del jazz. O al menos así lo recordaban quienes fueron testigos de esas jornadas de 1959 desde una ventana ubicada en 1979, veinte años después.

 

1979-1980

En medio de esos veinte años crecieron, tuvieron su “verano de amor” y se derrumbaron todos los movimientos revolucionarios. La música no fue indiferente y en tan poco tiempo vio nacer a The Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, David Bowie y el estallido del punk, por solo mencionar algunos hitos. El jazz, como hemos visto, no se quedó atrás y tras las revoluciones que comenzaron con Ornette Coleman y el estallido en la diversidad de géneros y subgéneros, parecía que para 1979 todo se disolvería en la incertidumbre y la furia.

Para entonces tampoco la publicación de Hefner había salido indemne de la década. La idea de sacar los tabúes sexuales a la luz, apoyado en parte por la revolución sexual de los 60, perdió frescura en los 70 y para fines de esa década había competencia a considerar. Contradictorio como siempre, Hefner fue confrontado con prominentes activistas del feminismo como Susan Brownmiller y su respuesta fue visibilizar la lucha por la legalización del aborto e inclusive dejar una sección de la revista para visibilizar la lucha feminista. En paralelo, en esa década había comenzado a crecer la industria del porno, aun en etapa primaria e inclusive vanguardista y artística, pero no tardaría en perder ese ímpetu y se corrompería a pasos agigantados. Entonces reapareció el viejo amor por el jazz en la cabeza de Hefner, aunque tal vez nunca se fue.

Casi como un negativo de lo que fue el festival de 1959 se organizó en Los Ángeles la edición del festival que buscó reubicar al nombre de Playboy con el jazz como inseparables. Ambos necesitaban de algún modo reconfigurarse en un nuevo plano a puertas de una nueva década. Hefner reflotó la antigua gloria de 1959 y redobló la apuesta al anunciar que el festival sería anual. Faltaba entonces una cabecera de músicos que se midiera con la edición anterior.

Return to forever

Tal vez la idea de tener una edición por año del festival hizo que se desdibujara un poco el hito que fue la edición de 1979 al punto que aún hoy cuesta encontrar bibliografía del Playboy Jazz Festival. Pero en esa edición se aglutinó en una coexistencia pocas veces visto el pasado, presente y futuro del jazz. Los nombres de los músicos que tocaron en esas dos jornadas de junio dan cuenta de esa afirmación: Benny Goodman, Count Basie, Joe Williams, Lionel Hampton, Chick Corea, Herbie Hancock, Willie Bobo, Art Blakey, Ray Brown, Stan Getz, Dizzy Gillespie, Dexter Gordon, Freddie Hubbard, Gerry Mulligan, entre tantos otros. No tocó Weather Report ni Nina Simone, pero bien, nadie las tiene todas.

La organización recayó en Darlene Chan y George Wein, ambos organizadores del primer festival de jazz de Newport en 1954, y aún siguen trabajando para el festival de Playboy. El lugar para el evento sería el Hollywood Bowl y al aire libre. La crítica coincidió con que fue una vuelta triunfal que reunió al jazz y a Playboy con el gran público. Aún hoy se considera que Hugh Hefner contribuyó en gran medida a que el jazz sea visto como un género “cool”.

La apuesta fuerte de Playboy por reflotar el jazz en las postrimerías de una década tormentosa sirvió para reconfigurar un espacio en el que se pueda huir de las tribulaciones diarias y al mismo tiempo el festival sirvió como elemento depurador, para ver quién es quién en la escena del jazz en Estados Unidos. En las ediciones siguientes el festival sería trampolín para músicos nuevos y consagración para los de más larga trayectoria: Además de algunos de los antes mencionados como Count Basie o Dizzy Gillespie, se sumaron Sarah Vaughan, B. B. King, Stevie Ray Vaughan, Miles Davis, Etta James, Wynton Marsalis, Weather Report, Tony Bennett, entre muchos más.

Los logros que se sumaron alrededor del festival son efecto del fuerte crecimiento que tuvo año tras año: la edición de 1982 se grabó en video y se comercializó para todo el mundo; en 1991 se realizó una edición en Tokyo con tanto éxito que también se decidió repetirlo año tras año, adelantándose a festivales de rock de formato similar como el Lollapalooza; en 1992 el festival ofreció transmisiones en vivo a radios pequeñas de Estados Unidos; en 1994 lanzó el Playboy Jazz Film Festival; en 2001 sacó su propio sello discográfico, el Playboy Jazz, que editó muchas de las performances en vivo del festival. Y la organización continuó a pesar de la muerte de Hefner.

La década  de 1980 trajo a Ronald Reagan y su cruzada neoliberal como “pacificadora” del país. Su política conservadora cesó muchos conflictos sociales con mano dura e hizo foco en eternos enemigos de los fundamentalistas de las buenas costumbres: sexo, drogas, diversidad racial y cultural por fuera del cristianismo. El apuntar hacia el jazz hizo que Hefner no solo salvara sus cuentas sino que le añadió frescura a su empresa. La refundación del festival en un año bisagra le dio nuevo aire a un género que se había desdibujado tras la fuerte fusión que había tenido con el funk, el rock y el freejazz. Tal como escribió el crítico de jazz James Liska en 1991: “Sin ser capaz de tocar nada que no sea el dial de la radio, Hugh Hefner ejerció una importante influencia en el jazz (…). Tal vez Hef no influyó en la forma en la que el jazz es tocado, pero sí en la que es escuchado.”

Esteban Galarza

Nací en José C. Paz en abril de 1984. Estudié letras en la Universidad Católica Argentina y Periodismo en TEA, en donde fui profesor de redacción periodística. Fui colaborador de Billboard, Caras y Caretas, Yo Soy La Morsa, Lamás Médula, Go Palermo, entre otras revistas de cultura y música. Fundé y dirigí Revista Kunst y Revista Ruda.

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