Seth MacFarlane: las aventuras musicales del creador de Family Guy

Lo importante es divertirse

La pregunta sería si Seth MacFarlane canta o si hace como que canta. Indudablemente, canta, y muy bien, tiene una voz límpida y segura  MacFarlane, pero también hay un rictus con el que pareciera decirnos que está imitando una época y un estilo. Tal vez ayude su prolijo corte de pelo, la sonrisa alineada y sus ojos picarescos, al modo de una publicidad gráfica de antaño que nos vende una marca de crema de afeitar.

Además de su trabajo en el mundo de la animación, desde 2011, con Music Is Better Than Word,  comenzó a grabar canciones famosas con grandes orquestas y con una estampa de showman al mejor estilo Great American Songbook. La música popular, el jazz y el music hall se sintetizan en el musical americano, que combina la música con el baile y el histrionismo.

MacFarlane tuvo mucho de esto en su crianza. En sus palabras, hace falta contar una historia y habitar las letras que se cantan, lo que da a entender un pase de la concepción sonora a una concepción espacial, en donde transcurre la vida además de la notas del pentagrama.

    Great Songs From Stage & Screen es el sexto y nuevo disco (Agosto 2020 – Verve Records), en el que MacFarlane reedita temas que fueron compuestos para el cine o el teatro. Con una potente orquesta, le da brillo a melodías que no son las más famosas de sus autores. Henry Mancini y Oscar Hammerstein no aparecen ni con La Pantera Rosa ni con La novicia Rebelde. Hay algunas transformaciones hacia el swing destacables, como es el caso del vals Once Upon a Dream, y en Let’s Not Be Sensible estallan los instrumentos en contraste con la versión melosa de Bing Crosby de los años ’60.

Grabado antes pero lanzado después del comienzo de la pandemia, es un material fuera de lugar en un momento en que el humor social no es el mejor. Hoy es todo tan realista y consciente que no parece haber lugar para el gesto amable. Cada track es una burbuja, pero las burbujas también desaparecen. MacFarlane no es tan optimista. En la portada aparece sentado en una butaca de algún cine moderno, esas mullidas y confortables, que casi están igual en rango de importancia que aquello que la película nos quiere hacer creer.

“Music is better than word” es toda una declaración de principios, es poner lo emocional delante de lo racional pero sin que ésta quede anulada por aquella. Así lo demuestra MacFarlane cada vez que canta, el color por sobre la escritura con un toque de autoconciencia. Pareciera decirnos que disfrutemos, pero que tampoco lo tomemos tan en serio, el tiempo no vuelve atrás. Seguramente, la sospecha ocurre porque lo conocemos antes por sus series animadas que por su faceta de cantante de escenario.

Padre de Familia pertenece a la estirpe de series familiares atípicas. Desde el minuto cero arrancó con el acelerador de la topadora. Las situaciones son rápidas, cada palabra es un flechazo y se cuelan flashbacks para dejar en ridículo o para contradecir a los personajes, o, simplemente, una pequeña situación ilustrativa. Su funcionamiento siempre ha sido a repetición, con un ritmo tan parejo que se ha desgastado rápido, sin dar a lugar a personajes más complejos ni a desarrollos dramáticos. El centro siempre ha sido apunto humorístico chirriante y la incorrección política, además del uso de las referencias, algo ya común desde hace décadas.

Pero más allá de la apreciación de la serie, MacFarlane y los realizadores le han dado un lugar importante a la música, y eso queda establecido desde los títulos de su etapa inicial, con un show a todo trapo, que empieza bien arriba cada episodio, además de diversos números mechados, siempre apuntados a bromear sobre un tema en particular pero sin cuajar en una trama, como si ocurría en las viejas películas musicales, donde, de golpe, los personajes se ponían a cantar y bailar para expresar sus sentimientos.

Indudablemente, a MacFarlane le gustan los musicales, más la música que las palabras, más la forma que el fondo. El género tiene un componente de parodia porque parodia la vida, hace como que es la continuación de los acontecimientos pero busca enfatizarlos o suavizarlos rompiendo con el cotidiano. MacFarlane echa mano continuamente al humor y le quita cualquier viso de cotidianidad.

Un caso distinto es su largometraje Ted, donde el osito animado y burlón se confronta con la realidad y se entremezcla en el crecimiento de una trama, con una presencia musical mucho menor y no se fosiliza en una sucesión de situaciones. Una rareza para éste artista al que se le nota que en el lugar en el que más cómodo se siente es en la fantasía.

En la presentación de los Premios Oscar 2013, donde fue el anfitrión, arremetió con el tema We Saw Your Boobs, que trataba sobre las tetas de actrices presentes en ese momento, por lo cual fue tachado de sexista. Casi una broma infantil a gran escala, con bailarines y coro incluidos, que bien entrado el siglo XXI era una afrenta a la corrección de género.

Hay algo de adolescente travieso en la cara de MacFarlane pero que esconde algo más. Canta convencido de que el mejor lugar para habitar son esos trozos de cultura americana de poscrack económico y posguerra, pero sabe que también hay un mundo lleno de horrores (estuvo a punto de morir en un avión el 9/11)  que es mejor dispersar con el humor y la imitación de la vida.

Martín Gómez Cánepa

Soy dibujante, antes que nada, y licenciado en comunicación. Escribí en LivingJazz Magazine y Revista Char-leston. Prefiero hacer crítica y ensayo, principalmente de cine y televisión, pero leo de todo.

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